Tierra prometida
En la historia de la salvación, Egipto representa un lugar de opresión y esclavitud. Dentro de las murallas de la ciudad de Egipto se entremezclan las personas que siguen a Dios y las personas que siguen al diablo; las personas que aman la verdad y las que aman la mentira. En nuestro Egipto personal es imposible vencer si no es con la fuerza liberadora del “Yo soy”. La misma fuerza liberadora y devastadora que empujó a Moisés a Egipto para liberar al pueblo de Israel. La misma fuerza liberadora que nos lleva a dejar nuestras vidas cómodas para visitar a un enfermo, dar un consejo, dar de beber al sediento. Es la fuerza del Dios vivo la que libera de Egipto, no son nuestras fuerzas. Cuando Dios actúa en la tierra que tenía esclavizado el pueblo de Israel no lo hace por sus méritos ni por ser el pueblo elegido, lo hace movido por sus súplicas. A Dios no le sorprende nuestras proezas. El puso en nosotros todo lo que tenemos, El ya lo dispuso así. A Dios le mueve nuestra súplica,...