La fuente viva

 

La fuente viva

Como un río que estuvo seco mucho tiempo abre brechas en su interior, solo un caudal de agua que duplique su capacidad puede sellar las brechas del amor. El Río de agua viva. El amor inconmensurable de Dios.

La multiplicación de los panes y los peces muestran que Dios llena las brechas donde anida el desencanto y el desamor. Los apóstoles jamás podrían hacerse con tantos panes y peces para dar de comer a tantísima gente. Es un símil, también. Nosotros no podemos con nuestros esfuerzos alimentar la gran sed de amor que hay en nuestros corazones. No podemos, solo Dios puede llenar el hueco, afianzarnos con “Espíritu generoso” (Salmo 50); “Llenarnos la boca” (Salmo 80, 10). Por eso, aquél que descubre el amor de Dios vende todo lo que tiene, y se queda con la perla (sólo una perla) (Mt 13,4).

Es difícil. Solo aquellos que confían pueden descansar en esta verdad. Podrían ser llamados “pobres de espíritu” aquellos que no se fían del todo de sus fuerzas humanas, y se remiten siempre a algo mayor que ellos, a Dios. Es la primera de las Bienaventuranzas, el DNI del cristiano. Sin embargo, nunca sabremos si Jesús nombró a los pobres de espíritu por delante de los misericordiosos y los que lloran porque sólo confiando en Dios es que el hombre puede llorar de verdad sus pecados y amar a su enemigo, haciéndose, incluso, padre de aquél que lo abofetea en la mejilla, dándole la otra (Mt 5,39; Lc 6,29).

“Mi pueblo se saciará de mis bienes”, dice el Señor (Jeremías 31,14). Ser su pueblo es ser confiados, no cuando todo funciona, sino, mas bien, cuando todo desconcierta: “He aquí la esclava del Señor” dijo la Virgen cuando era niña, moza (Lucas 1, 26-38). Ahora, es la Reina del cielo (Apocalipsis 12, 1-9), no por sus grandes cualidades, que también, sino por su sí perfecto, su pobreza, su honestidad.

Ojalá mi corazón y el tuyo se abandonaran a la fuente del amor, a la fuente viva, para que nuestras almas puedan alzar su vuelo, y descansar.  


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