¿Quién si no Dios?
¿Quién
si no Dios?
El
folio sobre el que escribo tiene una fisura. Si te fijas, la verás, si no te
fijas verás estas letras impresas en lo más profundo de tu corazón, y el mío.
El
ser humano, ese ser entrañable que requiere atención y afecto para
desarrollarse está dotado de las potencias con las que todo el universo aspira
y, sin embargo, es tan frágil que un solo gesto puede quebrarlo.
Así
sucede en nosotros, que tenemos implícito el mal recuerdo de la desobediencia a
Dios, el sumo bien, y por este mal denominado pecado nos atacamos, desconfiando
de nosotros, del mundo, del infinito.
Somos
tan inapreciables para la creación, y una sola gota de nuestra maldad podría acabar
con ella. Somos ese minúsculo en medio de un cosmos incomprensible capaz de las
más altas proezas, y, en paralelo, capaz de los más altos crímenes. Un ser para
la creación, un ser creado. Pero ¿siempre fue así? ¿qué sucede en ti y en mí
para que el odio nos susurre ideas de muerte y destrucción?
En
el corazón y en la psique humana solo existe un deseo intenso de aceptación y
cariño, un amor que se extienda a cada faceta de nuestro self. Las teorías
con base científica vienen a decirnos abiertamente que somos coherederos de la
dependencia más elevada y maravillosa que existe: el amor (Bowlby). Sin
embargo, en algún lugar de la ruta, el corazón se alejó de la verdad (Génesis,
3), buscando su verdad. Así nació el pecado por el que todo hombre y mujer se
hace la guerra. No hay explicación tan razonable, y a la vez, tan misteriosa.
Así,
siendo protagonistas de nuestros intentos por dominar sin la ayuda de Dios, nos
hacemos los esclavos del cuerpo, la mente, el mundo, la carne, el mal imperante
en este mundo. Cayendo de rodillas ante esta realidad, llegamos a la división
interior, y esta división es el dolor de un mal sueño para todos. Y si Dios no
une los pedazos, nadie tendrá por defensa su propia existencia, solo la espera
interminable por el amor que se nos fue negado a causa de nuestras rebeliones.
En
este aspecto vino el Hijo del hombre, a pagar el precio injusto, siempre injusto,
de nuestras rebeliones. Porque, ¿quién sino es Dios puede pagar la deuda? Solo
un Hombre fuerte puede atar a otro hombre. ¿Es santo porque es sin pecado? ¿Es santo
porque es Dios? ¿Es santo en la cruz? No lo sé, pero sí: es santo. Nos amó
primero y eso quiere decir que el sumo bien es antes de todo. Y, quizá, es ese
carácter principal y redentor lo que lo hace santo, y pensar que toda ley
responde siempre a una Ley, y todo bien, a un todo Bien.
Yo
temía muchas cosas, y entre todas ellas, el miedo al dolor de la gente. Con el
tiempo, la brecha de este folio comprenderá sólidamente que la brecha tiene
redentor, y que el pecado en las manos del Creador es lavado y predispuesto al
bien, y en las manos equivocadas, una tumba que antes o después solicita tu
presencia.
Entiendo
que toda ciencia solo es una sombra (aunque real) de las grandes verdades del
Evangelio. Y son dos: “La paga del pecado es la muerte” (Romanos 6, 23); “Jesucristo
pagó el precio por nuestros pecados”. (Colosenses 1, 14-16).
“Toda
mi vida te bendeciré, y alzaré las manos invocándote” (Salmo 62).
God Bless you and keep you
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