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¿Quién si no Dios?

¿Quién si no Dios? El folio sobre el que escribo tiene una fisura. Si te fijas, la verás, si no te fijas verás estas letras impresas en lo más profundo de tu corazón, y el mío. El ser humano, ese ser entrañable que requiere atención y afecto para desarrollarse está dotado de las potencias con las que todo el universo aspira y, sin embargo, es tan frágil que un solo gesto puede quebrarlo. Así sucede en nosotros, que tenemos implícito el mal recuerdo de la desobediencia a Dios, el sumo bien, y por este mal denominado pecado nos atacamos, desconfiando de nosotros, del mundo, del infinito. Somos tan inapreciables para la creación, y una sola gota de nuestra maldad podría acabar con ella. Somos ese minúsculo en medio de un cosmos incomprensible capaz de las más altas proezas, y, en paralelo, capaz de los más altos crímenes. Un ser para la creación, un ser creado. Pero ¿siempre fue así? ¿qué sucede en ti y en mí para que el odio nos susurre ideas de muerte y destrucción? En el cora...

La fuente viva

  La fuente viva Como un río que estuvo seco mucho tiempo abre brechas en su interior, solo un caudal de agua que duplique su capacidad puede sellar las brechas del amor. El Río de agua viva. El amor inconmensurable de Dios. La multiplicación de los panes y los peces muestran que Dios llena las brechas donde anida el desencanto y el desamor. Los apóstoles jamás podrían hacerse con tantos panes y peces para dar de comer a tantísima gente. Es un símil, también. Nosotros no podemos con nuestros esfuerzos alimentar la gran sed de amor que hay en nuestros corazones. No podemos, solo Dios puede llenar el hueco, afianzarnos con “Espíritu generoso” (Salmo 50); “Llenarnos la boca” (Salmo 80, 10). Por eso, aquél que descubre el amor de Dios vende todo lo que tiene, y se queda con la perla (sólo una perla) (Mt 13,4). Es difícil. Solo aquellos que confían pueden descansar en esta verdad. Podrían ser llamados “pobres de espíritu” aquellos que no se fían del todo de sus fuerzas humanas, y ...

Expectante

  Expectante Oh noche oscura, llegas sin avisarme, el aviso es como un murciélago en su cueva, esperando un retoño de luz para volar a la garganta de alguien. Noche oscura y errante. Llegas para apagarte, siempre pronto, siempre tarde. El Cristo conoció tus embates en Getsemaní, donde confluyen las esperanzas de Aquel que es la Vida. ¿Dónde fuiste noche oscura? ¿Dónde te quedaste? En los clavos del madero del amor suplicante aflora el sufrimiento del que ama hasta la sepultura. A un amor así, ¿Quién podrá negarse? Oh noche oscura, nos avisas de que el amor sufrido es el verdadero amante. Amor que asalta al alma y la muda hasta cambiarte, Como Cristo, siendo eterno, se hizo efímera y putrefacta carne, Volátil y triste, sujeta a lágrimas y al amor de un Dios amante. Te pareces a mí, noche oscura. Siempre expectante, como una flor que en la noche duerme, y su dormitar espera al que pagó por nuestras rebeliones el precio de su propia sangre. ...

La herida de Dios

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  No deberíamos negar nuestras diferencias, así como no podemos negar nuestras necesidades vitales. Por un lado, es evidente que nacemos sexuados, y a lo largo de la vida nos desarrollamos según la genética y las interacciones con el mundo. La psicología se hace eco de esto en sus escuelas de pensamiento: empirismo, constructivismo, etc. Por otro lado, están las experiencias vitales con las que Freud y otros desarrollan las bases del psicoanálisis. El ser humano se mueve por un psico dinamismo determinado por experiencias subconscientes, algunas reprimidas y que necesitan ser “liberadas”. Es decir, los traumas del pasado pueden determinar conductas en el presente según el psicoanálisis. Esta escuela imperó, y no fue hasta los años 80 que la psicología humanista decidió abogar por un ser humano integrado de múltiples realidades interiores y exteriores, y difícilmente encasillable en una sola categoría.   Sin embargo, aunque la lucha por entender la psique humana viene con s...

¿Dónde estás, Adán?

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 ¿Dónde estás, Adán? (Gn 3, 9) En intervención social se considera que una persona que no participa en la sociedad está en vías de exclusión social, o excluida socialmente. Es decir, la exclusión social está relacionada con la no participación en los temas que compete a toda la sociedad, ya sean sociales, políticos, económicos, etc. Sin duda es el título que más destaca en todos los tratados de intervención social: prevenir la exclusión social de las mujeres, de las personas sin hogar, de los pobres, las etnias, y cuantos sectores poblacionales se quiera añadir. Se da por sentado que la exclusión social es el mal, y la inclusión el bien. Sin embargo, y lejos de reducir la vida a dos polos opuestos -exclusión e inclusión- es posible descubrir una y otra vez, que, aun participando en la sociedad, una persona puede llegar a perderse a sí misma. Aunque es cierto que la inclusión social, en determinados aspectos, es favorable para la persona, ésta no la puede rescatar de sí misma -li...

Jesús es nombre de Salvación

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  Cuando el mundo se desvincula del bien y la verdad es muy difícil preguntarse por la salvación sin que ello parezca un intento por forzar a la gente a creer en cuentos de hadas. Realmente es pregonar que hay necesidad de salvación, porque hablar de salvación es hablar de la necesidad de ser salvados. Sin embargo, la salvación se vuelve necesidad en cuanto se reconoce la debilidad humana, a menudo disfrazada del efecto contrario, orgullo y vanagloria; otras disfrazada de pretensiones altruistas, excesivamente altruistas, y que son los dos extremos en los que la debilidad tiende a refugiarse y hacer sus ídolos incandescentes. Muchas veces un trabajo, una actividad, una acción buena son ídolos que esconden la realidad más humana que existe: la debilidad. La debilidad es la marca del ser humano, tan íntima y personal, que mostrarla nos produce pavor. De hecho, el instinto de supervivencia siempre trata de equilibrar la balanza y poner la fuerza y la independencia donde, verdaderame...

Avisos (I)

  Mi justo vivirá por la fe; por sus frutos los conoceréis           La fe es poseer lo que se espera. Pero, si lo único que esperamos son cosas materiales y puestos distinguidos, nuestra fe será un fracaso, un engaño. Porque si hay algo a lo que nos lleva la fe es a dar la vida, único modo de vivir, y no a guardarnos a nosotros mismos. Cuando el agua se guarda mucho tiempo, y más en un entorno empantanado, no puede menos que llenarse de bichos y estancarse. Así sucede en nosotros cuando nos sobre-reservamos, que nos llenamos de pensamientos de muerte. Bien dijo Santiago que la fe sin obras es un fe muerta, putrefacta. De hecho, los asesinos de Jesús eran los mismos que tenían la fe puesta en la llegada del Mesías. Con esa fe crucificaron al mismo Mesías. Así podemos hacerlo nosotros si no perseveramos en las buenas obras. "Por sus frutos los conoceréis"; "no puede el árbol malo dar buen fruto".       Con lo anterior, pensemos en lo...