¿Quién si no Dios?
¿Quién si no Dios? El folio sobre el que escribo tiene una fisura. Si te fijas, la verás, si no te fijas verás estas letras impresas en lo más profundo de tu corazón, y el mío. El ser humano, ese ser entrañable que requiere atención y afecto para desarrollarse está dotado de las potencias con las que todo el universo aspira y, sin embargo, es tan frágil que un solo gesto puede quebrarlo. Así sucede en nosotros, que tenemos implícito el mal recuerdo de la desobediencia a Dios, el sumo bien, y por este mal denominado pecado nos atacamos, desconfiando de nosotros, del mundo, del infinito. Somos tan inapreciables para la creación, y una sola gota de nuestra maldad podría acabar con ella. Somos ese minúsculo en medio de un cosmos incomprensible capaz de las más altas proezas, y, en paralelo, capaz de los más altos crímenes. Un ser para la creación, un ser creado. Pero ¿siempre fue así? ¿qué sucede en ti y en mí para que el odio nos susurre ideas de muerte y destrucción? En el cora...