El Gozo Eterno

 

A Carmen, Virginia, Nieves, Ramón y a todos los que descansan en el Gozo Eterno


Queridos amigos, pasado este tiempo ya no habrá lágrimas, súplicas, dolor o inquietud. Tampoco habrá dudas, lamentos y cánticos al vacío, ya no estaremos a la merced de la imaginación y la razón. Aunque perdamos el cuerpo y nuestros ojos no vean, veremos. Nada nos será ajeno.

Después de este tiempo, el templo de nuestro espíritu será renovado, no perecerá. Ya no seremos transeúntes en el tiempo ni pasajeros ansiosos por llegar a un destino. No habrá etapas ni cambios que desestabilicen, tampoco dolencias y enfermedades que quiebren la vida. Nuestro templo será renovado, al igual que nuestro espíritu. 

Después de esta pobreza, no habrá pobres que pidan en las calles ni pobres que duerman al raso de nuestra indiferencia. Tampoco habrá marginados pues nadie quedará al margen, nadie será desplazado, nadie será rechazado, nadie quedará fuera. Todos seremos reconocidos. 

Cuando todo termine, el pasado ya no será un fantasma ni el futuro un espectro, no habrá una línea del tiempo en la que medir nuestros fracasos y éxitos. Todo será lo mismo. En este momento no tendremos sed de afecto ni hambre de cariño.

Cuando todo haya pasado seremos los hijos amados del Padre a los que nada ni nadie puede amenazar, ni siquiera la muerte. Seremos la nueva creación, el gozo en el Gozo eterno, el nuevo Adán y la nueva Eva en la expresión más elevada del amor. Nuestras vidas serán una bienaventuranza, y caminaremos por un jardín en el que no entrarán depredadores y espinas. Habitaremos la casa que no tiene fin y cuidaremos del paraíso de nuestros padres. Nuestra alegría será completa. 

Entonces, y solo entonces, sabremos que todo lo que vivimos, sufrimos, trabajamos y lloramos valió la pena. Entonces podremos volvernos a Dios y decirle ¡gracias! por no dejarme caer, ¡gracias! por amarme, ¡gracias! por no desistir de mí, ¡gracias! por no rendirte. Y estaremos más vivos que nunca, enraizados en la Raíz creadora y sustentadora de vida, dando gracias por formar parte de la patria celestial, ahí donde están todos los que perdimos y amamos, terrenos y celestes. Entonces, y solo entonces, podremos descansar. 

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