El llamado personal
Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os he escogido a vosotros y os he encargado que vayáis y deis mucho fruto, y que ese fruto permanezca (Jn 15:16)
Con frecuencia preguntamos por nuestro llamado personal, por el sentido de la vida, por aquello en lo que dejarnos la piel y el alma. Por su naturaleza donativa el ser humano puede "morir" a sí mismo para darse a otros. El llamado personal es la forma en la que conectamos con lo eterno, inamovible y verdadero, poniendo nuestras capacidades y habilidades al servicio de una causa mayor que nosotros mismos.
El hecho de preguntar por el llamado personal siempre nos lleva a preguntar por lo valioso y verdadero que hay en nuestras vidas, lo que percibimos por valioso y verdadero. Así, al igual que sucede con los valores (justica, solidaridad...) lo que determina el llamado personal es la respuesta que damos. Una creencia sin obras es una creencia muerta; un artista que ame la belleza la busca en su obra.
De modo que, lo que es valioso y verdadero entra en consonancia y conecta directamente con nuestro llamado personal, y nos advierte de que debemos apuntar fuera de nosotros para ser quienes estamos llamados a ser. Y todos estamos llamados a lo que es valioso y verdadero, todos nacemos con un propósito, todos tenemos un lugar, todos somos valiosos de por sí. El problema se produce cuando lo valioso y verdadero que hay en nuestra vida no es realmente valioso y verdadero, y esto nos lleva a vivir en la oscuridad de nuestras apetencias, inclinaciones y heridas, confundiendo lo valioso y verdadero con lo que sentimos, padecemos e interpretamos. Cuando esto sucede nuestro llamado personal se difumina bajo una niebla de temor e incertidumbre. En este punto, nuestra vida se convierte en oscuridad, y nuestra oscuridad es transmitida a los demás a través del temor, la inquietud, el aislamiento, el deseo de poder, las creencias extrañas. La oscuridad también tiene sus frutos.
Pero, hemos nacido para mirar más allá de nuestras "gafas" vivenciales y condicionamientos, pues el llamado de cada uno es una invitación a formar parte de algo único, superior a todo lo que hemos hecho y vivido. No es un llamado a vivir en el aislamiento y la inquietud, sino un llamado a la comunión fraterna con los demás. En el trato y la comunión con los demás nos descubrimos como personas, y solo dando lo que somos y tenemos podemos alcanzar un sentido superior a nosotros mismos. Los dones y habilidades con las que nacemos deben conectar directamente con lo valioso y eterno, no pueden ni deben quedarse en las fauces del individualismo y la confusión. La llamada personal siempre es una invitación a dar lo que somos y tenemos. El que más tiene más debe dar.
Con lo anterior, alegrémonos de que no haya dos personas ni dos llamados iguales, pues todos estamos hechos para superar nuestras limitaciones y esforzarnos por dar frutos en la luz, no en la oscuridad, con nuestra propia trayectoria de vida, formando un único cuerpo. Y no pasa nada si no lo conseguimos hoy o mañana, Dios nos conoce y en su momento dará a cada uno lo que necesita, El es perfecto pero no perfeccionista ¡Ánimo y que Dios te bendiga!
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